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Dispuesta siempre estás, atenta y a la mano del atrevido que te busca.
Escóndete de aquellos que en sus manos no podrían sentirte, acércate a los que te dan tu justa medida.
Te asomas en los momentos de peligro y zozobra.
Te brindas para consuelo a los desfavorecidos.
¿Cuantas vidas has salvado?, ¡seguro que no lo sabes!, porque el contar no es lo tuyo, eso es mundano.
Tú utilidad no se pregunta, ni se duda.
Simple, lista allí estás sin dejar de oír a las desesperaciones y a los miedos.
Tan grande eres, que no albergas el miedo. Te alimentas del valor de quienes creen en ti.
Eres fruto exótico eterno, eres el árbol del nunca acabar.
Te cobijas con los dolores y las injusticias.
Nunca cuestionas; siempre a la mano y sin preguntar.
¿Que sería de nosotros, de los que construimos sueños del mañana sin ti?. Allí sosegada estas transportando tus esencias calmantes.
Salvadora de los desesperados,
salvadora de los inocentes que buscan con empeño sus alegrías futuras.
Acércate otra vez, repósate en mi superficie, duerme y despierta con nosotros los constructores de un mundo mejor.

Una aportación de:: Eduardo A. Ortega.


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