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El río invierte el curso de su corriente.
El agua de las cascadas sube.
La gente empieza a caminar retrocediendo.
Los caballos caminan hacia atrás.
Los militares deshacen lo desfilado.
Las balas salen de las carnes.
Las balas entran en los cañones.
Los oficiales enfundan sus pistolas.
La corriente se devuelve por los cables.
La corriente penetra por los enchufes.
Los torturados dejan de agitarse.
Los torturados cierran sus bocas.
Los campos de concentración se vacían.
Aparecen los desaparecidos.
Los muertos salen de sus tumbas.
Los aviones vuelan hacia atrás
Los “rockets” suben hacia los aviones.
Allende dispara.
Las llamas se apagan.
Se saca el casco.
La Moneda se reconstituye integra.
Su cráneo se recompone.
Sale a un balc6n.
Allende retrocede hasta Tomás Moro.
Los detenidos salen de espalda de los estadios.
11 de Septiembre.
Regresan aviones con refugiados.
Chile es un país democrático.
Las fuerzas armadas respetan la constitución.
Los militares vuelven a sus cuarteles.
Renace Neruda.
Vuelve en una ambulancia a Isla Negra.
Le duele la próstata. Escribe.
Víctor Jara toca la guitarra. Canta.
Los discursos entran en las bocas.
El tirano abraza a Prat.
Desaparece. Prat revive.
Los cesantes son recontratados.
Los obreros desfilan cantando
¡Venceremos!


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che-reducido.jpg“Es argentino, es cubano, boliviano, africano y de todo pueblo oprimido por el imperialismo. Y digo “es” porque no murió, él sigue vivo en los que creemos y luchamos por un mundo mejor, más justo y por una latinoamerica unida.
Viva el Che….Viva la revolucion!
Gracias Che por darnos tanto a cambio de nada, que tu memoria no se manche por la sangre derramada, muchos mas mueren de hambre o por guerras inventadas por el imperialismo Yanqui, contra el que vos mismo luchaste”
¡¡Hasta la victoria siempre!!

Una aportación de:: Emiliano de Rosario


Mándaselo a un amigo

sdq_kathedrale.jpg Ciudad que ha sido armada para ganar la gloria,
Santo Domingo, digna fortaleza del alba,
hoy moran en mi alma todas las alegrias
al presenciar tus calles conmovidas y claras,
el rostro erguido y ronca la voz de tu trinchera.
! Yanqui vuelve a tu casa!

Se que para engullirte como sardina rondan
treita y seis tiburones en tu ardiente ensenada,
celosos de los hombres que construyen la vida
y nunca se arrodillan en sus grandes batallas.
Y tu estara de pie diciendo al enemigo.
! Yanqui vuelve a tu casa!

El cinturon de fuego que tu vientre comprime
puede volver cenizas la vastedad del mapa.
Pero quiero decirte guadiana de mis sueños,
que todos los infiernos y sus hombre se apagan
en el oceano inmenso de los pueblos que gritan
!Yanqui vuelve a tu casa!

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Mándaselo a un amigo

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Dispuesta siempre estás, atenta y a la mano del atrevido que te busca.
Escóndete de aquellos que en sus manos no podrían sentirte, acércate a los que te dan tu justa medida.
Te asomas en los momentos de peligro y zozobra.
Te brindas para consuelo a los desfavorecidos.
¿Cuantas vidas has salvado?, ¡seguro que no lo sabes!, porque el contar no es lo tuyo, eso es mundano.
Tú utilidad no se pregunta, ni se duda.
Simple, lista allí estás sin dejar de oír a las desesperaciones y a los miedos.
Tan grande eres, que no albergas el miedo. Te alimentas del valor de quienes creen en ti.
Eres fruto exótico eterno, eres el árbol del nunca acabar.
Te cobijas con los dolores y las injusticias.
Nunca cuestionas; siempre a la mano y sin preguntar.
¿Que sería de nosotros, de los que construimos sueños del mañana sin ti?. Allí sosegada estas transportando tus esencias calmantes.
Salvadora de los desesperados,
salvadora de los inocentes que buscan con empeño sus alegrías futuras.
Acércate otra vez, repósate en mi superficie, duerme y despierta con nosotros los constructores de un mundo mejor.

Una aportación de:: Eduardo A. Ortega.


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Mentiras

23/03/2008

Máscaras que amagan transparencias, malicias son tus maneras.
Impostura cobarde que evades realidades.
Te vales de los escondrijos de la sutileza para insertar tu veneno. Cuando eres grande te escondes en las multitudes, cuando tu tamaño no te favorece te enconas en las menudencias de algún incauto.
Embistes con mensajes que se hacen ecos, repetición que dura años, quizás toda una vida.
No te molestas en pedir acceso, entras con toda tu impertinencia, y allí te anidas en los débiles que carecen de fuerzas.
Obras sustituyendo: intercambiando verdades, medias verdades, verdades hechas mentiras, mentiras hechas verdades.
Autora de fabricaciones teatrales de inconsciencias, tejiendo sueños foscos.

Una aportación de:: Eduardo A. Ortega.


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Se oye un extraño ruido que resulta criminal. La tierra tiembla, el silencio pierde su fundamento y se pone a gritar.
Llantos de niños.

Miedos de todas partes se hacen conquistadores.

El colorido de las calles de las ciudades y de los universos naturales pierden sus colores propios.Despojados de los mismos, todo se hace gris, blanco y negro.

Una lluvia de metales mortíferos asolan a todo transeúnte.

Miles de ojos se ocultan en cuchitriles esperando la muerte. Ojos, pensamientos que se hacen más veloces que rápidos. La incertidumbre, el llanto y el pesar se disputan el poder en las mentes de las victimas.

Todo corre: las calles, los árboles, las farolas, las aceras, todo es espanto vivo.

Se oyen los ladridos de los perros, se oyen los gritos perdidos, se oyen los reinos del terror. Se siente y se afirma la impotencia de un pueblo humillado por la superioridad de las armas y la capacidad absoluta de la crueldad.

Ciudad de ciudades que lloras porque te hieren a ti y a tus hijos. Llanto entre el gemir y el silencio.

Silbido a lo lejos, con estruendo al destino final.

Pueblo, pueblo maldito, minas, bombas, llanto y muerte. Sin ecos, sin respuestas en farsas reuniones de organizaciones internacionales, elefantes blancos, que se tratan de impregnar de color para llamar la atención, haciendo de disimulo de circo en reuniones de burócratas ricos.

Las preocupaciones no llegan a tu puerta, elefante blanco de tres colores:

Ni la llovizna después de la caída de las bombas sembrando desgracias,

ni las lágrimas exprimidas del dolor y el orgullo,

ni los huérfanos con lágrimas en sus mejillas, que resbalan y caen en la tierra sembrada de metralla, te conmueven.

Pueblo iraquí con la frente alta, con las dignidades sometidas a toda prueba.

Bello pueblo iraquí, con tu sangre, con tus lágrimas y denuncias harás que crezcan los jardines de la justicia.

Una aportación de:: Eduardo A. Ortega.


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Nación Libre.

27/02/2008

bandera8estrellas_0e2d.jpgLa tierra tiembla de pavor, asustada entre sus vísceras yacen los miedos más terribles, miedos de opresión y crueldad.
Todo el entorno se encoge y la nación clama por el levantamiento de sus hijos arrodillados. Con llagas se adornan sus rodillas, gusanos se asoman dueños de sus lugares. Los huesos se exhiben en las regiones que soportan el peso total de los cuerpos.

llá a lo lejos se vislumbra el horizonte vivo, locuaz y sabio, línea horizontal que los arrodillados no ven, porque de rodillas no se alcanza divisar lo que se viste de ojos. Vista larga posee el horizonte vivo, el futuro nos espera para agasajarnos.
La Tierra sigue temblando como niña desamparada.

Las campanas del viento traen con él, el despertar. El hombre oye el tintineo en el doquier, orden con autoridad natural se empecina a mandar a levantar los cuerpos. El hombre hace caso, como si de órdenes divinas se tratara. Solo, se levanta y tiembla, el cuerpo pesa más que nunca. Los gusanos se asustan y se disparan al vacío sin perder el tiempo.
Las carnes desgarradas de las rodillas cuelgan a tiras, pero ocurre lo que ha de ocurrir: el hombre se levanta y el horizonte que nunca ha visto le saluda e invita, y es allí cuando la revolución se afinca y se levanta a sembrar justicia.
Revolución, máquina demoledora de la quietud imperante, como ola cambiante se apodera..
El hombre montado en el corcel de la rebeldía. Revolución y hombre cabalgan, juntos se deciden a tomar, a entregarse al futuro social: puro, simple y llano.

El hombre con sus ojos ven lo que nunca han visto: el horizonte vivo, libre ya se deja llevar por el viento al horizonte activo.
Revolución que se despierta siempre joven, fecunda y dispuesta con el hombre que se hace grande, y con el mismo ríe y dan la bienvenida al futuro y al cambio con aires justicieros.

Una aportación de:: Eduardo A. Ortega.


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Recuerdo, hasta donde mi memoria alcanza recordar, que siempre hubo quienes se sentían incómodos por poseer la nacionalidad venezolana que, según ellos, es una nacionalidad de tercera. Esos que han fingido acentos en el exterior para ser confundidos con los locales, ellos que se morían de asco frente una arepa cuando había tantos croissants, tantas quarter pounders, tantas deliciosas New York cheesecakes, ahora, repentinamente, creen haber recuperado su venezolanidad.

Pero no se confundan, no se refieren a la venezolanidad del pueblo, la que huele a tierra mojada, a jaboncito mañanero dentro de un autobús, la madrugadora, la que no se contiene cuando escucha un tambor, la que ríe a carcajadas cada vez que la vida le da un motivo, la que encuentra motivos para reír aun cuando la vida se los niegue.

Ellos descubrieron una venezolanidad sintetizada medio de aquí mucho de allá. Son venezolanos envasados con ingredientes selectos traídos los más exóticos parajes mayameros. Vibran con el himno cuando lo escuchan de lejitos, se amarran la bandera al cuello cual capa de Superman, bailan tambores en bodas elegantísimas y cuando agonizan de amor patrio cantan ‘’¡¡¡Sabaaaaaanaaaaaa!!!’’ y nada mas, porque nunca escucharon el resto de la canción.

Piensan que Venezuela es un país que les ha sido usurpado a sus legítimos dueños: ellos. Por lo que han decidido construir un país paralelo, con otra bandera, con otro huso horario, con otra moneda, con un presidente colombiano, con un rey que los mande a callar y un ejercito de chicanos, negros y blancos pobres que les traiga el sosiego con sus bombas inteligentes.

Y es que su país no tiene pretensiones de soberanía, para ellos entregar lo que pertenece a todos para beneficio propio es un ideal. El país que quieren no tiene dignidad, abrirían sus puertas para que lo pisotearan las botas de cualquier ejército y se unirían a ellos para acabar con sus compatriotas no deseados. El país que ellos quieren no clama justicia y la libertad se subasta al mejor postor.

Sueñan con un país de esclavos de distintas categorías, pero esclavos todos, de un poder voraz, que les deja miguitas para que ellos las recojan mientras se sienten honrados por tal distinción.
Sueñan con un país que conocimos de cerca porque hace poco existió. Aquel, con su bandera de siete estrellas, su himno, el mismo que cantamos ahora, pero que antes nos sonaba hueco, triste, ultrajado. Con su pueblo dormido por la desesperanza y sus veinte barrigones con corbatas escondidas bajo papadas hinchadas de gula y egoísmo.

Sueñan con tener aquel país que siempre les avergonzó. La Venezuela de ladrones, la fea, la de los niños muertos de diarrea, la del hambre, la ignorante, la de las esperanzas rotas, la que solo caminaba para atrás.

Sueñan pesadillas mientras duermen tan tranquilos.
Eso no es soñar, eso no es pensar, eso no tiene nombre o peor aún, si lo tiene: eso es ser apátridas.

Pues a los apátridas no se si llamarlos compatriotas, no suena coherente, no queremos lo mismo, mientras avanzamos ellos nos ponen piedras esperando vernos caer, nos odian, nos tienen asco, nos tienen miedo.

Y claro que deben temernos, no los culpo, nada como la mediocridad que ellos sembraron para mantenerse a flote. Mediocres ellos que no supieron ver el momento en que el pueblo despertaba, mediocres ellos que no tienen idea de como vivir en un país libre.
Mediocres porque temen al pueblo educado, consciente y dispuesto a luchar su patria, la de todos, incluso la de ellos, los apátridas.

Venezolanos de siete estrellas, eso son, que es lo mismo que no ser nada. Sufren nuestros logros como terribles derrotas, celebran los ataques a nuestro país como si éste no fuera el suyo y lo hacen a voz en cuello sin sentir la más mínima vergüenza. No se dan cuenta de lo despreciables que son para nosotros y para nuestros enemigos.

A la hora de la chiquita, hora que esperamos que nunca llegue, se darían cuenta, demasiado tarde, que la sangre de todos nuestros hijos se derramaría por igual, porque para sus ‘’gringos salvadores’’ los destrozos que ocasionan en nombre de ‘’la libertad’’ son daños colaterales y nada más.

No se si llamarlos compatriotas… que vaina…

Una aportación de:: carola chávez


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